Archivo mensual: febrero 2009

Y con este, van diez. ¡Felicidades, Titerenet!

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Titerenet lleva diez años dando la varilla (y el guante, y los hilos, y el bocón, y las sombras, y la animación, y el bunraku, y el dedo, y la marota, y…). Para celebrarlo, hay nuevas llaves para nuevos colaboradores. Más razones aún (si es que faltaban) para continuar pasando por el sitio titiritero más completo de la red.

Títeres y calidad dramática

Ayer tuve ocasión de ver una obra —no importa cuál, solo que no era de aficionados— que me pareció todo un despropósito. Aparte de algunos problemas técnicos molestos, con acoplamiento del sonido, que bien cabe atribuir al teatro y no a la compañía, el fallo esencial era que la galería de técnicas empleadas carecía del más mínimo sentido conjunto. Una niña que se sentaba cerca de mí lo resumió crudamente al acabar, cuando preguntó: «Y esto, ¿de qué iba?». La madre le respondió, un poco inquieta: «¡Pues no lo sé!». No es que no hubiera una anécdota, que la había, si uno se afanaba en buscarla; es que era tan débil que no producía el necesario efecto de cohesión.

Una exhibición técnica no hace una obra dramática, igual que los efectos especiales —ni los más prodigiosos— no bastan para crear una película. Por otro lado, la obra se dirigía al público infantil, pero tan pronto era infantiloide —con ese abuso de los grititos y el bu-bu-bu tan característico, por desgracia, de cierto teatro infantil— como desplegaba una representación de las pesadillas que daba auténtico pánico a los pequeños.

Sin hilazón dramática y sin un público mínimamente definido, ¿qué pretendía la obra? Quizá demostrar la diversidad de facetas de su creador, pero me temo que eso es un ejercicio de exhibicionismo, no de arte dramático para los niños.