Un enlace interesante (que no recuerdo de dónde saqué, lo siento) es Playing with shadows, de ArtsEdge. Es más bonito que técnico, pero tomado como tal introducción, creo que merece la visita.
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(De paso, como en estas fechas electorales los títeres y titiriteros andan hartos de ser usados como sapos y culebras, valga como una evidencia más de que aquí hablamos de un Arte. Ni más, ni menos, ni otra cosa.)
Molde 1, Molde 2 y Molde 3 son tres blogs con instrucciones claras y fotográficas para construir títeres de espuma sencillos. Forman parte de un proyecto del grupo portugués Partículas Elementares, al que damos las gracias desde aquí por su amabilidad.
Las marionetas se conocen en muchas culturas. A la izquierda, un Fausto enfrascado en la lectura de los saberes ocultos, creado por el grupo portugués A Tarumba. A la derecha, una marioneta tradicional de Tailandia, ricamente vestida y con la cabeza y las manos de madera.
Las marionetas son quizá los títeres preferidos por los niños… y los más odiados por los padres, que compramos una admirados de verla moverse en manos de un manipulador hábil y, al llegar a casa, apenas tardamos dos minutos en enredar sin remedio sus hilos.
Tienen, sin duda, un componente mágico. En la foto de la derecha no hay casi nada: una bola de madera y cuatro hilos cruzados. Pero en la foto inferior hay todo un personaje, el Senyor Cordills —el Señor Hilos, creado por Josep M. Pujol, de Foc Follet—, capaz de explicar mil historias sin palabras.
Esa marioneta es quizá la más sencilla posible, algo similar a lo que hacía Obraztsov con sus títeres de dedo. Pero existen modelos ciertamente más complicados. En España, uno de los maestros más reconocidos ha sido Harry V. Tozer, que dirigió el grupo Marionetas de Barcelona y creó toda una escuela. Sus modelos están recogidos en un libro de Ray DaSilva: The Marionettes of Barcelona.
La imagen superior procede de una foto propia de una reproducción de mercadillo. La inferior ilustra el diccionario El teatre de titelles a Catalunya, de Josep Martin.
Toni Rumbau reflexiona en su blog sobre la nueva versión de Malic, el personaje creado en 1976 por La Fanfarra, que luego dio nombre al teatro Malic. En su nota encontraréis tanto elementos de autocrítica como ideas sobre los requisitos de un buen espectáculo de sombras.
El nuevo espectáculo de Malic se exhibe en La Puntual a cargo de E. Navarro y Néstor Navarro.
La fotografía de La Fanfarra es de Albert Fortuny y se encuentra en el apartado de historia de la compañía del sitio web de Toni Rumbau. La fachada de La Puntual procede del sitio web del teatro.
De títeres… en Perú recoge una nota interesante, con varias fotos, sobre la gira de las Marionetas de Obraztsov en el país andino. El blog en general es un espacio colectivo de difusión de noticias y novedades en la escena titiritera peruana, que me ha gustado visitar. Una imagen del artículo sobre Obraztsov:
Había leído en varios lugares que la vocación de Javier Villafañe se despertó tras ver una gira de Lorca. Sin embargo, en los Títeres de la andariega (Colihue, Buenos Aires, 1990) se cuenta de otra manera:
Las cinco obras que componen este libro fueron escritas en distintas fechas: Don Juan Farolero, en 1930, cuando era soldado en la base aérea de Palomar, influenciado entonces por los esperpentos de Valle Inclán y las marionetas de San Carlino de doña Carolina y don Bastián de Terranova —mis maestros—. Las vi actuar por primera vez cuando tenía dieciocho o diecinueve años. Me impresionaron tremendamente. Esa noche, en un viejo teatro de La Boca, encontré mi oficio.
(Javier Villafañe, octubre de 1989)
El librito, de menos de un centenar de páginas, incluye obras en romance para adultos: el ya citado Don Juan Farolero y cuatro obras de 1934: La guardia del general, Una pieza con moraleja, El fantasma y Fausto.
Del 19 al 28 de octubre de 2007 se celebra el Festival Guant, organizado en el aspecto propiamente titiritero por la compañía Pa Sucat, conocida por su recuperación del títere tradicional catalán. Este es un títere de guante con cabeza de madera y un busto en el que se abren tres orificios para los dedos; los personajes se insertan sobre todo en la tradición de Guignol. En Guant, como su nombre indica, el títere de guante tiene especial protagonismo, pero está abierto a distintas formas y tradiciones.
Me ha gustado mucho el blog de La máquina maravillosa, de Jesús Galera Peral, que por el momento está ocupándose sobre todo del teatro de sombras (el wayang kulit indonesio), el bunraku japonés y, en general, el teatro oriental. Incluye reflexiones de especialistas y también vídeos. Visitadlo, vale la pena.
He encontrado en Nos vemos en el blog una referencia a un espectáculo de sombras chinescas, realizado por la compañía Pilobolus, que apareció en la última ceremonia de los Oscar y es verdaderamente atractivo. Voy a copiar aquí el video, pero os recomiendo que visitéis el blog, de una profesora de Música, porque está lleno de buenas ideas y reflexiones.
Actualización del 20 de noviembre: con ocasión de las representaciones en el teatro madrileño Calderón Haagen Dasz del 19 al 22 de noviembre, El País trae dos vídeos más, hechos para Hyundai y Volkswagen. Podéis verlos, con un poco de publicidad previa, pero algo de texto y varias fotos, en EP3. El mismo periódico dio cabida en diciembre de 2006 a este artículo sobre la danza acrobática de Momix, grupo fundado por dos miembros de Pilobolus. De Momix habla también Laura Kumin en esta nota de El Cultural (bastante más antigua, pero reciente si pensamos que Momix se fundó en 1980).
El propio sitio web de Pilobolus ofrece también varios videos: por ejemplo, el de Hyundai o los de Bidvest y Bidauto.
Con el nombre de wayang se engloban diversas formas del teatro indonesio, tradicionales sobre todo de las islas de Java y Bali. Aunque existen formas con actores y con títeres de varillas (el wayang golek), la variedad más extendida en Indonesia (y a la vez la más divulgada en Occidente) es la del teatro de sombras o wayang kulit. Los cinéfilos ya habéis visto sus figuras: las manejaba el fotógrafo enano de El año que vivimos peligrosamente (del director Peter Weir, con Mel Gibson y Sigourney Weaver).
Los títeres son de cuero trabajado y después cuidadosamente pintado. Representan a dioses y héroes de la tradición épico-religiosa clásica (el Mahabharata y el Ramayana), de una manera altamente codificada, simbólica. Así, los colores de la vestimenta son indicativos del carácter y el modo de comportarse de los personajes; lo son igualmente los propios rasgos de la cara. Por ejemplo, héroes como Rama o Arjuna tienen la nariz larga e inclinada hacia abajo, y los ojos estrechos, igualmente inclinados hacia abajo; ello los identifica como personajes nobles.
Ese simbolismo es un saber compartido con el público, en cierta medida parecido al que podía existir en Occidente unos cuantos siglos atrás. Pensad por ejemplo en las descripciones medievales de la mujer, que solo excepcionalmente incluyen rasgos físicos reales. O en el significado de la altura en los pupi sicilianos.
Pero este simbolismo, ¿es primitivo? ¿O es parecido al que se usa en Hollywood, nuestra fábrica de mitos? Si todos reconocemos al “malo” cuando aparece -o si nos pueden engañar con un personaje que«parecía» malo- es porque existe un código simbólico compartido. Pensad si no en el Jesús de las películas bíblicas; ¿en qué libro se dice que tuviera los ojos azules?
En una representación de wayang, la figura fundamental es el dalang o manipulador. Él se encarga en solitario de las voces de todos los personajes, e igualmente puede cantar. Suele actuar acompañado de una orquesta típica de Indonesia llamada gamelán (en la foto).
La representación del wayang es extraordinariamente larga: dura toda una noche. Como cabe esperar en ese caso, es abierta; el público se incorpora o se marcha, quizá para regresar más tarde, y come y habla con naturalidad durante la representación.
Esta libertad de los espectadores, que además pueden participar con sus comentarios, es algo corriente en el teatro de sombras más popular, y sucede también con Karagoz. Y no está tan lejos de aquellos cines de barrio con las sillas plegables de madera…
En el Museo de la Música Étnica de Barranda (Murcia), muy recomendable y con gran presencia de instrumentos de culturas no occidentales, podéis ver una orquesta gamelán completa.
Moschos Morfakidis: Karaguiosis (el teatro de sombras griego). Athos-Pérgamos, Granada, 1999. 24×17 cm, 222 p. ISBN 84-922847-9-X.
El volumen más completo que yo he encontrado en castellano sobre el Karagoz es este Karaguiosis,dedicado principalmente a la versión griega de este teatro asimismo popular en Turquía. Repasa su historia, su relación con el teatro turco y varias cuestiones propiamente teatrales: técnica, textos y personajes, además de incluir la traducción de una obra de Andonis Molas y un buen número de ilustraciones (en color o b/n).
El karagoz es la tradición popular del teatro de sombras en Turquía y Grecia. Sus dos personajes más importantes -Karagoz y Hacivad- tienen una psicología recurrente en el mundo de los títeres: Karagoz es humilde, pero muy astuto, y Hacivad es más educado (¡y pedante!), pero lleva siempre las de perder.
A partir de estos rasgos básicos, las historias se han ido actualizando. Los titiriteros -o karagiozi- no interpretan textos clásicos, sino que llenan sus relatos de referencias irónicas y satíricas a las cuestiones sociales más punzantes.
Karagoz vivió su momento más importante en los siglos XVIII y XIX. El cine ha mermado mucho su difusión y su alcance, y ha pasado a ser considerado mayoritariamente como un espectáculo infantil. ¡Como aquí los títeres, qué os vamos a decir!
Karagoz en acción
Las figuras son articuladas; se fabrican con piezas de cuero a las que se da color. (¡No todo el “teatro de sombras” se hace con sombras!).
Los espectadores se sientan detrás de una tela blanca (una sábana, en muchos casos). El manipulador las apoya contra la tela y las mueve; una luz completa la magia.
En una narración pueden intervenir varios personajes, pero suele haber un único titiritero. Eso sí, puede ir acompañado de algún cantante o músico (la pandereta es el instrumento más tradicional).
a. Zenné. b. Çelebí. c. Beberují. d. Frenk. e. árabe negro. f. Tiryaki. g. árabe blanco. h. albanés. i. rabino. j. persa. l. laz. m. kurdo. Del libro Karaguiosis, de Moschos Morfakidis (Athos-Pérgamos, Granada, 1999).
Una lámpara y unas manos: ¡hopla!, sombras chinescas. Si añadimos una pantalla (para lo que basta una sábana tensa en un armazón de madera), e iluminamos y manipulamos las figuras desde detrás, encontraremos a varias figuras clásicas del mundo titiritero, como Karagoz en Turquía y Grecia o las sombras del wayang kulit.
En las representaciones más modernas, se pueden crear varios efectos con el uso de diferentes colores y luces, el acercamiento y alejamiento de las figuras a la pantalla o al foco, el desplazamiento del propio foco…
En la imagen, El ruiseñor y el emperador, basado en el cuento de Andersen, por la compañía catalana Framis von Porat. Del libro El teatre de titelles a Catalunya.
Javier Villafañe (1909) es considerado el pionero de los titiriteros argentinos. Según lo que es casi una leyenda, se decidió por este arte a partir de la visita de Lorca y sus títeres de cachiporra, en 1933. Sus obras se dirigen sobre todo a los niños más pequeños, aunque tiene también obras para adultos. Los personajes más famosos de Villafañe son, probablemente, Juancito y María. Sus aventuras se cuentan en “La calle de los fantasmas”, que podéis leer en Historias para títeres/1.
Como dice allí Eduardo di Mauro, “luego de ser actuado, recreado y jugado por muchos titiriteros profesionales en más de cien mil representaciones, Juancito significa de por sí una sólida base para diseñar una estética del teatro de títeres de guante. Este personaje ingenuo, valiente, cobarde, enamorado e ingenioso, con un comportamiento escénico simple, directo y rápido, obtiene en sus infinitas versiones la síntesis de ese humor que solo el teatro de títeres logra en los niños y en los adultos de cualquier latitud ciudadana o campesina del mundo hispanoparlante.”
Podéis leer otras obras de Villafañe en Antología, Sudamericana, Buenos Aires, 1990; y Cuentos y títeres, Colinue, Buenos Aires, 1990. Villafañe era también escritor; en este enlace podéis leer algunos comentarios sobre sus obras: Compartiendo lecturas.
Una enorme nariz aguileña y roja, roja como las mejillas y la barbilla; una joroba grotesca y deforme; pies (a diferencia de sus compañeros); y, por último, un bastón, al que recurre sin cesar: ese es Punch, el malísimo. Tan malo, que los políticos no siempre han entendido ni aceptado su sentido del humor y han intentado censurarlo incluso en fechas recientes.
Su voz es muy peculiar; el Punchman (titiritero) la hace chirriar mediante la lengüeta o swazzle. Precisamente por esos chirridos, el diálogo de Punch suele reducirse a unas pocas y breves frases (como That’s the way to do it!, “Así es como hay que hacerlo”).
Guignol es el títere francés por antonomasia. Siempre ha sido un títere de guante: no evolucionó a partir de la marioneta. Aparece en Lyon hacia 1800; es más joven, por tanto, que Punch o Kásperle, pero logró tanta fama que hoy «guiñol» es sinónimo de títere en muchas partes. Lo creó Laurent Mourguet, de oficio… ¡dentista!
De modo que, si permiten la broma, cuentan los más fidedignísimos historiadores que Mourguet tenía la sensibilidad de preguntar a los pacientes: «Jefe, ¿le duermo con la cachiporra o le entretengo con títeres?» Y de tanto practicar uno y otro (que gustos hay de todas clases), acabó creando un títere de cachiporra.
En realidad, Guignol es un canut, un trabajador de la seda. En el Lyon de 1800 -una ciudad que comenzaba a vivir el proceso de industrialización general- los canuts lucharon contra sus durísimas condiciones de trabajo, casi de explotación, protagonizando una de las primeras revoluciones obreras. De ahí deriva el carácter principal de Guignol: un sencillo «hombre del pueblo» que, con las armas de la astucia, se enfrenta a diferentes formas de poder.
Esa característica, e incluso el esquema general de personajes, se mantienen en Titella, el títere tradicional catalán. También la comparte con Punch, pero ni Guignol ni Titella son perversos, a diferencia del títere inglés.
Guignol viste característicamente con una chaqueta corta, un bonete y una trenza. En sus aventuras, le ayuda su mujer (Madelon, con un pañuelo en la cabeza) y su compañero Gnafron, casi siempre borracho (otro rasgo de humor popular). Gnafron es zapatero y viste un delantal de cuero y una gorra de seda. (Hay quien dice que está basado en un violinista que trabajó con Mourguet, conocido como le père Thomas, pero tampoco está muy claro.) Los enemigos de Guignol son el juez y el gendarme, que suele acabar recibiendo una buena tunda.
En Lyon hay hoy un museo del títere: el Musée Gadagne [15-ago-07]. Pero el sitio más expresivo sobre este personaje es el del grupo Il était une joie: contiene fotos y videos de los personajes [15-ago-07]. En el barrio lyonés de la Cruz Roja prepararon una pequeña introducción que relaciona a Guignol con el espíritu que motivó la revolución de los canuts; ellos nos cedieron amablemente las imágenes del Théatre de Guignol de Lyon. En la página de la familia Castelbou se cuenta también la historia y, sobre todo, se muestra cómo se fabrica uno de sus títeres, con fotos [15-ago-07].
En el vol. 3 de las Historias para títeres, de Arbolé, podéis leer dos guiones en versión de José Luis González.
Kasperl es un títere tradicional alemán (por lo general, de guante). A diferencia de otras tradiciones, es un personaje muy vivo, que se ha actualizado de formas muy diversas.
En España es conocido por las novelicas de aventuras que escribió Josephine Siebe y tradujo Noguer; pero es un personaje sin amo. Una de las obras más representadas hoy lo combina con una figura más moderna, la del divertido y malvado Hotzenplotz (el bandido Saltodemata).
Los títeres de dedo son una reducción de los títeres de guante. Es fácil encontrar en el mercado paquetes que se componen de un cuento y algunos de estos titiricos. Y, justamente por su tamaño, funcionan muy bien con los críos más “reducidos”, que suelen apreciar mucho este espectáculo de distancia corta. (¿Esa poca distancia ayuda a superar el miedo ante lo extraño?)
Pero son también una simplificación. Y en el arte, ese es un camino difícil de explorar, pero necesario y gratificante. El titiritero ruso Serguei Obraztsov ha hecho famosos unos títeres de dedo reducidos a la mínima expresión: el dedo desnudo, una bola de pórex y cuatro rasgos de la cara.
Las fotografías de Obraztsov proceden de los libros de Freddy Artiles (derecha) y los titiriteros de Binéfar (izquierda). (Más información sobre esos libros, aquí. Si quieres comprarlos, consulta con tu librero habitual.)
Caperucita y el lobo; hadas, princesas y brujas; sabios, profesores o magos… ¿acaso no hay un títere de guante en todas las casas? (Quizá no, y hay más televisores que títeres. O quizá sí, aunque sea en un cajón. Tú abre el cajón, por si acaso…).
Bajo esta forma de títeres se han desarrollado varios personajes característicos: Punch el malísimo, Guiñol el obrero (y el putxinel·li catalán), Kasperl el travieso o el inefable Juancito. Y si me dejo a alguno, ¡al garrote, Cristóbal!
Pero antes veamos una técnica similar, más reducida, e igualmente cercana a todos los niños: los títeres de dedo.
En la foto, títere de guante con pies, de fabricante desconocido.