Un enlace interesante (que no recuerdo de dónde saqué, lo siento) es Playing with shadows, de ArtsEdge. Es más bonito que técnico, pero tomado como tal introducción, creo que merece la visita.
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(De paso, como en estas fechas electorales los títeres y titiriteros andan hartos de ser usados como sapos y culebras, valga como una evidencia más de que aquí hablamos de un Arte. Ni más, ni menos, ni otra cosa.)
Toni Rumbau reflexiona en su blog sobre la nueva versión de Malic, el personaje creado en 1976 por La Fanfarra, que luego dio nombre al teatro Malic. En su nota encontraréis tanto elementos de autocrítica como ideas sobre los requisitos de un buen espectáculo de sombras.
El nuevo espectáculo de Malic se exhibe en La Puntual a cargo de E. Navarro y Néstor Navarro.
La fotografía de La Fanfarra es de Albert Fortuny y se encuentra en el apartado de historia de la compañía del sitio web de Toni Rumbau. La fachada de La Puntual procede del sitio web del teatro.
He encontrado en Nos vemos en el blog una referencia a un espectáculo de sombras chinescas, realizado por la compañía Pilobolus, que apareció en la última ceremonia de los Oscar y es verdaderamente atractivo. Voy a copiar aquí el video, pero os recomiendo que visitéis el blog, de una profesora de Música, porque está lleno de buenas ideas y reflexiones.
Actualización del 20 de noviembre: con ocasión de las representaciones en el teatro madrileño Calderón Haagen Dasz del 19 al 22 de noviembre, El País trae dos vídeos más, hechos para Hyundai y Volkswagen. Podéis verlos, con un poco de publicidad previa, pero algo de texto y varias fotos, en EP3. El mismo periódico dio cabida en diciembre de 2006 a este artículo sobre la danza acrobática de Momix, grupo fundado por dos miembros de Pilobolus. De Momix habla también Laura Kumin en esta nota de El Cultural (bastante más antigua, pero reciente si pensamos que Momix se fundó en 1980).
El propio sitio web de Pilobolus ofrece también varios videos: por ejemplo, el de Hyundai o los de Bidvest y Bidauto.
Con el nombre de wayang se engloban diversas formas del teatro indonesio, tradicionales sobre todo de las islas de Java y Bali. Aunque existen formas con actores y con títeres de varillas (el wayang golek), la variedad más extendida en Indonesia (y a la vez la más divulgada en Occidente) es la del teatro de sombras o wayang kulit. Los cinéfilos ya habéis visto sus figuras: las manejaba el fotógrafo enano de El año que vivimos peligrosamente (del director Peter Weir, con Mel Gibson y Sigourney Weaver).
Los títeres son de cuero trabajado y después cuidadosamente pintado. Representan a dioses y héroes de la tradición épico-religiosa clásica (el Mahabharata y el Ramayana), de una manera altamente codificada, simbólica. Así, los colores de la vestimenta son indicativos del carácter y el modo de comportarse de los personajes; lo son igualmente los propios rasgos de la cara. Por ejemplo, héroes como Rama o Arjuna tienen la nariz larga e inclinada hacia abajo, y los ojos estrechos, igualmente inclinados hacia abajo; ello los identifica como personajes nobles.
Ese simbolismo es un saber compartido con el público, en cierta medida parecido al que podía existir en Occidente unos cuantos siglos atrás. Pensad por ejemplo en las descripciones medievales de la mujer, que solo excepcionalmente incluyen rasgos físicos reales. O en el significado de la altura en los pupi sicilianos.
Pero este simbolismo, ¿es primitivo? ¿O es parecido al que se usa en Hollywood, nuestra fábrica de mitos? Si todos reconocemos al “malo” cuando aparece -o si nos pueden engañar con un personaje que«parecía» malo- es porque existe un código simbólico compartido. Pensad si no en el Jesús de las películas bíblicas; ¿en qué libro se dice que tuviera los ojos azules?
En una representación de wayang, la figura fundamental es el dalang o manipulador. Él se encarga en solitario de las voces de todos los personajes, e igualmente puede cantar. Suele actuar acompañado de una orquesta típica de Indonesia llamada gamelán (en la foto).
La representación del wayang es extraordinariamente larga: dura toda una noche. Como cabe esperar en ese caso, es abierta; el público se incorpora o se marcha, quizá para regresar más tarde, y come y habla con naturalidad durante la representación.
Esta libertad de los espectadores, que además pueden participar con sus comentarios, es algo corriente en el teatro de sombras más popular, y sucede también con Karagoz. Y no está tan lejos de aquellos cines de barrio con las sillas plegables de madera…
En el Museo de la Música Étnica de Barranda (Murcia), muy recomendable y con gran presencia de instrumentos de culturas no occidentales, podéis ver una orquesta gamelán completa.
Moschos Morfakidis: Karaguiosis (el teatro de sombras griego). Athos-Pérgamos, Granada, 1999. 24×17 cm, 222 p. ISBN 84-922847-9-X.
El volumen más completo que yo he encontrado en castellano sobre el Karagoz es este Karaguiosis,dedicado principalmente a la versión griega de este teatro asimismo popular en Turquía. Repasa su historia, su relación con el teatro turco y varias cuestiones propiamente teatrales: técnica, textos y personajes, además de incluir la traducción de una obra de Andonis Molas y un buen número de ilustraciones (en color o b/n).
El karagoz es la tradición popular del teatro de sombras en Turquía y Grecia. Sus dos personajes más importantes -Karagoz y Hacivad- tienen una psicología recurrente en el mundo de los títeres: Karagoz es humilde, pero muy astuto, y Hacivad es más educado (¡y pedante!), pero lleva siempre las de perder.
A partir de estos rasgos básicos, las historias se han ido actualizando. Los titiriteros -o karagiozi- no interpretan textos clásicos, sino que llenan sus relatos de referencias irónicas y satíricas a las cuestiones sociales más punzantes.
Karagoz vivió su momento más importante en los siglos XVIII y XIX. El cine ha mermado mucho su difusión y su alcance, y ha pasado a ser considerado mayoritariamente como un espectáculo infantil. ¡Como aquí los títeres, qué os vamos a decir!
Karagoz en acción
Las figuras son articuladas; se fabrican con piezas de cuero a las que se da color. (¡No todo el “teatro de sombras” se hace con sombras!).
Los espectadores se sientan detrás de una tela blanca (una sábana, en muchos casos). El manipulador las apoya contra la tela y las mueve; una luz completa la magia.
En una narración pueden intervenir varios personajes, pero suele haber un único titiritero. Eso sí, puede ir acompañado de algún cantante o músico (la pandereta es el instrumento más tradicional).
a. Zenné. b. Çelebí. c. Beberují. d. Frenk. e. árabe negro. f. Tiryaki. g. árabe blanco. h. albanés. i. rabino. j. persa. l. laz. m. kurdo. Del libro Karaguiosis, de Moschos Morfakidis (Athos-Pérgamos, Granada, 1999).
Una lámpara y unas manos: ¡hopla!, sombras chinescas. Si añadimos una pantalla (para lo que basta una sábana tensa en un armazón de madera), e iluminamos y manipulamos las figuras desde detrás, encontraremos a varias figuras clásicas del mundo titiritero, como Karagoz en Turquía y Grecia o las sombras del wayang kulit.
En las representaciones más modernas, se pueden crear varios efectos con el uso de diferentes colores y luces, el acercamiento y alejamiento de las figuras a la pantalla o al foco, el desplazamiento del propio foco…
En la imagen, El ruiseñor y el emperador, basado en el cuento de Andersen, por la compañía catalana Framis von Porat. Del libro El teatre de titelles a Catalunya.