Como los espectadores del teatro de títeres son, en su gran mayoría, niños, se suele pensar que este tiene solo una función pedagógica. Pero no hay ningún teatro -el de títeres tampoco- que deba subordinarse a unas supuestas metas educativas.
La “autonomía del teatro”; la “experiencia teatral” que quiere comunicar… Estas vivencias tienen que ver con la ilusión, con el “hacer como si”, con la transformación de las cosas. Mediante la intervención de personajes que hablan y actúan y mediante su propia perspectiva, el teatro influye al espectador, comunica sus sentimientos, su racionalidad y un mundo de vivencias visibles. Así, una obra teatral puede ser una ayuda orientativa para el comportamiento de cada cual en la vida cotidiana. Realiza afirmaciones, trata varios temas y expresa ideas; es, en suma, un foro abierto a la discusión.

Por si queréis estar al día o recibir en vuestro correo las novedades de este sitio web