Una lámpara y unas manos: ¡hopla!, sombras chinescas. Si añadimos una pantalla (para lo que basta una sábana tensa en un armazón de madera), e iluminamos y manipulamos las figuras desde detrás, encontraremos a varias figuras clásicas del mundo titiritero, como Karagoz en Turquía y Grecia o las sombras del wayang kulit.
En las representaciones más modernas, se pueden crear varios efectos con el uso de diferentes colores y luces, el acercamiento y alejamiento de las figuras a la pantalla o al foco, el desplazamiento del propio foco…

En la imagen, El ruiseñor y el emperador, basado en el cuento de Andersen, por la compañía catalana Framis von Porat. Del libro El teatre de titelles a Catalunya.

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