Punch, el malísimo
Una enorme nariz aguileña y roja, roja como las mejillas y la barbilla; una joroba grotesca y deforme; pies (a diferencia de sus compañeros); y, por último, un bastón, al que recurre sin cesar: ese es Punch, el malísimo. Tan malo, que los políticos no siempre han entendido ni aceptado su sentido del humor y han intentado censurarlo incluso en fechas recientes.
Su voz es muy peculiar; el Punchman (titiritero) la hace chirriar mediante la lengüeta o swazzle. Precisamente por esos chirridos, el diálogo de Punch suele reducirse a unas pocas y breves frases (como That’s the way to do it!, “Así es como hay que hacerlo”).
